jueves, 28 de junio de 2012

Algunas reflexiones

Foto: Felipe Toro.
           De día el panorama es conocido: gente, gente, y más gente. Vendedores ambulantes, perros, y: “¡La Segunda, La Segunda!”. Pero de noche, es un misterio (esperamos que después de haber leído este blog,  ya no lo sea). Pasadas las 00:00 am, los primeros en aparecer son los camiones de descarga de productos de cada una de las tiendas del Paseo Ahumada. Luego llega el camión recolector de basura, donde bolsas y bolsas de desperdicios son aventadas dentro del  contenedor. Una vez terminada su labor y casi de forma coordinada, los pequeños carros de limpieza se turnan para dejar el piso completamente jabonoso. Son dos carros que recorren de norte a sur el Paseo Ahumada y que en menos de 20 minutos, le devuelven el color y brillo a cada metro cuadrado del suelo del paseo.
Luego, un silencio absoluto, interrumpido ocasionalmente por el ladrar de los perros.  Una pareja de rezagados que se devuelve apurada a su casa, o el sonido de los trabajos en alguna tienda del Paseo, que apurados tienen menos de ocho horas para concluir su labor son algunas de las cosas que podemos encontrar. Cuatro guardias recorren el Paseo Ahumada de extremo a extremo, una camioneta de seguridad municipal rodea el sector hacia el este por Calle Compañía, hacia el sur por Calle San Antonio, hacia el poniente por Calle Moneda y terminando la vuelta por Bandera. En Plaza de Armas, otra camioneta con 3 efectivos de seguridad merodean cada rincón del sector. Pero por la calle Puente hasta el Mercado Central, ni un sólo guardia se hace cargo. Su trabajo es proteger el Paseo Ahumada y la Plaza de Armas, monumentos nacionales de nuestro país.
Goteras de personas aparecen en el recorrido por el Paseo Ahumada. Muchos de ellos vuelven del trabajo, pero algunos otros se dirigen a este. Un grupo de alrededor de diez hombres se encuentra reunido casi al llegar a Plaza de Armas para conversar y jugar damas. Claramente, no se compara con la cantidad de gente que circula por este mismo lugar de día, pero aún así, hay gente que a altas horas de la madruga permanece en el centro de Santiago.
El día y la noche en el Paseo Ahumada se transformó en un complejo contraste, donde no sólo la luz del día es la que cambia. La tranquilidad y plena paz que otorga la noche a este lugar está acompañada de un sinfín de historias que muchos de nosotros ignoramos: grupos de personas que se reúnen a compartir entre amigos, trabajadores municipales, clubes nocturnos, reponedores de las grandes tiendas, indigentes,  niños abandonados, hombres a su suerte y un sinfín de otras historias que sólo ocurren de noche. Porque ese es su espacio. El día no le da tiempo a estas personas.

Por Cuando Todos Se Van

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